
Es imposible perderlo de vista. Echarle de sus ideas. De sus pensamientos. Es algo que, quiera o no, está destinado a acompañarla durante toda esta etapa de su vida. Las personas se le cruzan en el camino. Algunas dejando más huellas que otras. Ayer le vió. Sus miradas se cruzaron apenas milésimas de segundo. Mensajes silenciosos. Quizá no existan; tan solo en su cabeza. Amabilidad fingida. Presencia incómoda. Risas nerviosas, miradas confundidas hacia cualquier parte que no sean sus ojos. Está cambiado. O quizá no tanto. ¿Es ella la que le ve así? Miradas cómplices hacia personas que logran entenderla. Aunque no sean muy abundantes. Le ve alejarse tras unos instantes tan sólo a 5 metros de sus brazos, de sus manos, de sus labios. Su mente solo puede desplazarse hasta la incógnita del tiempo que deberá estar sin verle. Tal vez más del que se imagina. Tal vez más del necesario. Porque no hay persona que pueda sustituirle. Lo ha intentado. Imposible. ¿Qué es imposible? En este caso, imposible es aquello que durante un tiempo hubiese defendido como posible, pero como todo, acaba estallandola en la cara. Como evidencia de su error.
Quizá jamás logre su propósito. Quizá algún día sonría por su logro. Pero eso solo aparece en sus fantasías, en sus sueños. Porque, quiera o no, solo es eso. Imposible.

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