martes, 5 de octubre de 2010
Jugar.
Oscuro. Todo está oscuro. ¿Por qué? De repente todo ha dejado de existir. Mira de un lado para otro, pero eso es lo que ve: nada. Puede ser que la luz de su primer resplandor la haya cegado. Demasiado intensa para ella. Está acostumbrada a que nada se salga de lo normal. Y él era de todo excepto normal. Ahora pasará un tiempo hasta que logre acostumbrarse a esa nueva oscuridad, lo que ella cree por oscuridad. En el fondo es consciente de que una ligera luz le permitiría conocer dónde se encuentra, y eso le ayudaría a saber por qué es así. Tan solo necesita ese tiempo para descubrirla. Ese tiempo quizá sea largo. Incluso demasiado. Ahora nada llama su atención, solo tiene tiempo para pensar en si debería dejar que otro resplandor semejante la ciegue, o si necesita una pequeña bombilla para ayudarle a conocer la realidad, su realidad. Definitivamente, una pregunta imposible de responder. Si no fuera así, la vida no sería tan interesante como debería ser. Porque todos tenemos una vida que ir descubriendo. Y el derecho a que esto sea así. Si nos diesen el resultado directamente, no nos darían opción de jugar. Y eso es lo que necesita. Jugar.
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